Lírica en transversal
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Las palabras cuentan historias: Hermafrodita

         La palabra “hermafrodita” es una palabra compuesta por nombres de dos dioses griegos: Hermes y Afrodita.

         La RAE la define como adjetivo:

         1.- adj. Que tiene los dos sexos.

         2.- adj. Dicho de una persona: que tiene testículos y ovarios, lo cual le da la apariencia de reunir ambos sexos.

         3.- adj. Bot. Dicho de una flor: que reúne ambos sexos.

         4.- adj. Bot. Dicho de un vegetal: que tiene flores hermafroditas.

 

         Para contar su historia debemos remontarnos a los tiempos de los dioses mitológicos, los cuales tenían un sentido del humor y formas de entretenimiento un tanto rocambolescas.

         El poeta romano Ovidio en su Metamorfosis narra este mito.

         Afrodita era una de las diosas más bellas del Olimpo, y muchos dioses la cortejaban y la deseaban. Ella estaba casada con Hefesto (llamado Vulcano por los romanos), dios del fuego y la forja y al que describían como feo y cojo. Afrodita mantenía relaciones extramatrimoniales con Ares (o Marte), dios de la guerra. Cuando Hefesto fue sabedor de esta aventura tejió una red invisible para que quedaran atrapados en el lecho y fueran expuestos a las miradas de vergüenza. Pero Hermes, cuando vio la belleza de Afrodita, lejos de condenarla, expresó su deseo de sufrir el escarnio de Hefesto sólo por yacer junto a Afrodita. La diosa premió a Hermes con un encuentro amoroso del que nació Hermafrodito.

         Afrodita abandonó a su hijo bastardo en un bosque, donde Hermafrodito creció. A los 16 años decidió conocer el mundo. La historia nos cuenta que llegó a una hermosa fuente y se sumergió en ella para resarcir su calor y que la ninfa Sálmacis quedó prendada de la extraordinaria belleza del muchacho y cayó enamorada de él. Pero Hermafrodito la rechazó con violencia y se hundió en las aguas. La ninfa, indignada, suplicó a los dioses que nunca la separaran de él. Y su deseo fue cumplido: los dioses fundieron sus cuerpos para nunca más separarse. El joven Hermafrodito entró en las aguas varón y salió de ellas hermafrodita, es decir, como un ser mixto.

 

         La palabra “hermafrodita” muestra cierta controversia a la hora de aplicar sinónimos.  En anteriores ediciones del DRAE se asociaba la palabra con el adjetivo “bisexual”, que significa que siente atracción sexual hacia los dos sexos. Esta acepción fue cambiada tras las presiones de asociaciones que defienden opciones sexuales más allá de la heterosexualidad.

         También se asocia al término “andrógino”, del que se considera sinónimo. Aunque, en realidad, esta relación de sinonimia sólo sería evidente con una de las acepciones de hermafrodita, cuando lo describe como que reúne los dos sexos en el mismo individuo. No mantendría esta relación sinonímica en la otra acepción de andrógino, que describe a seres que tienen rasgos corporales ambiguos, que no se corresponden con los propios de su mismo sexo.

 

         En realidad, un hermafroditismo auténtico es inviable en la especie humana, cuando es designado como una forma de reproducción, que destaca la ambivalencia de los individuos de la especie.  No obstante, se da en otros seres vivos como algunos celentéreos marinos, como medusas y corales,  y ciertos moluscos,  como los caracoles.

 

         La búsqueda de información sobre la palabra hermafrodita me ha llevado al hipocampo, también llamado “caballito de mar”. Me llama la atención que es una especie animal en la que el macho es el que se encarga del desarrollo de los huevos. La hembra inserta los huevos maduros en la bolsa incubadora del macho, donde son fertilizados. Y en unas tres semanas ya están preparados para la vida.

        

         Todos en algún momento podemos sentir tendencias hermafroditas: cuando valoramos la belleza; cuando nos sentimos hermosos; cuando dejamos que nos seduzcan; cuando deseamos compartir y compartirnos con el otro; cuando cuidamos la vida que se nutre de nosotros…        

 

 

 

 

 

COMUNICACIÓN

 

 

            Los elementos de la comunicación son: mensaje, emisor, receptor, canal, código y contexto.

            La comunicación la definen, habitualmente, los libros de texto como “el intercambio de información entre un emisor y un receptor situados en un espacio/tiempo”.

            Es interesante partir de la definición que aporta la RAE:

Del lat. communicatio, -onis.

1. f. Acción y efecto de comunicar o comunicarse.

2. f. Trato, correspondencia entre dos o más personas.

3. f. Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor.

4. f. Unión que se establece entre ciertas cosas, tales como mares, pueblos, casas o habitaciones, mediante pasos, crujías, escaleras, vías, canales, cables y otros recursos.

5. f. Medio que permite que haya unión entre ciertas cosas.

6. f. Papel escrito en que se comunica algo oficialmente.

7. f. Escrito sobre un tema determinado que el autor presenta a un congreso o reunión de especialistas para su conocimiento y discusión.

8. f. Ret. Petición del parecer por parte de la persona que habla a aquella o aquellas a quienes se dirige, amigas o contrarias, manifestándose convencida de que no puede ser distinto del suyo propio.

9. f. pl. Correos, telégrafos, teléfonos, etc.

 

            Si damos un pasito más allá del paradigma científico mecanicista newtoniano y nos situamos en la plataforma del paradigma de la física cuántica, las nociones de espacio y tiempo dejan de ser absolutas y el sujeto que observa la realidad deja de ser un “error” en el proceso de conocerla.

            Desde este nuevo paradigma científico que inicia Einstein se va moviendo una nueva epistemología que nos muestra “otra” manera de conocer el mundo.

 Aunque, quizá, no sea más que un viaje de la física por el genograma de sus ancestros. No podemos olvidar que lo que hoy llamamos “Física” comenzó nombrándose como “Filosofía Natural”, allá por el S. V a.C.

No me resisto a citar algunas frases de Heráclito:

  • «En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]» (citado erróneamente, debido a una obra de Platón como «Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río»).
  • «La armonía invisible es mayor que la armonía visible».
  • «Ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma; tan profundo logos tiene».
  • «Pero aunque el logos es común, casi todos viven como si tuvieran un inteligencia (φρόνησιν) particular».
  • «Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia».
  • Heráclito reprocha al poeta que dijo: «¡Ojalá se extinguiera la discordia de entre los dioses y los hombres!», a lo que responde: «Pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua».

 

Cuando nos inunda la arrogancia de creer que somos los creadores de ideas innovadoras y rimbombantes conviene darse un paseo por la Época Clásica.

En nuestro pasado no tan ancestral de la segunda mitad del S.XX numerosos biólogos, lingüistas, psicólogos y científicos, en general, recogen a Heráclito a través de la cercanía de la física cuántica de Einstein. Así el biólogo y filósofo K. Ludwing von Bertalanffy se convierte en el precursor de la corriente sistémica, cuyo paradigma servirá de base para la cibernética, por ejemplo, o la lingüística o ciencia de la información.

De hecho es Paul Watzlawick, desde libros como El lenguaje del cambio o No es posible no comunicarse el que nos brinda la reflexión sobre la doble vertiente del proceso comunicativo, que describe como: nivel del contenido y nivel de la relación. A partir de esta doble distinción podemos identificar, tanto los rasgos lingüísticos de la comunicación esquizofrénica, como los hilos, a veces invisibles, que tejemos las personas en el acto comunicativo y que nos lleva a comunicarnos, pero no a entendernos.

Como dice Wilhem Rotthaus en su libro ¿Para qué educar?:  "nunca podemos estar seguros de la comprensión, de modo que todo diálogo implica la necesidad de asegurarse de que se ha producido la comprensión. Por esta razón la comunicación no debe entenderse como un intercambio de información, sino como una construcción paralela de información entre dos individuos que se comunican".

            Si tuviera que elegir un elemento vertebrador de los que se citan como integrantes del acto comunicativo, elegiría el Mensaje.

            La Rueda de la Vida me hace caer en la cuenta de cómo los “mensajes” se van repitiendo a lo largo de nuestro periplo vital. En el fondo sólo hay un mensaje para nosotros, que va tomando diferentes formas. A veces llego a pensar que sólo existe UNA obra de arte por persona: que sólo se pinta un cuadro, se escribe un libro, se baila una danza, se representa una obra…

            Es como si fueran cambiando los códigos, los canales, el contexto, los emisores y los receptores; pero el mensaje siempre es el mismo. El mensaje permanece. Sobre ese mensaje vamos haciendo incursiones: ascensos y descensos; establecemos estancias o nos abandonamos a la merced de ímpetus nómadas. Pero el mensaje sigue siendo el mismo.

            A veces nos llega como un chaparrón o como un granizo, y, otras, nos cae ligeramente sin apenas darnos cuenta de que nos está empapando. Nos acercamos o nos alejamos de él; nos inundamos, buceamos; nos asentamos o nos abrumamos en él. Todo ha cambiado, pero el mensaje no cambia. Ni un ápice. Y por ello, a veces, nos invade la angustiosa sensación de que siempre somos los mismos. Quizá, sí; quizá hay una parte de nosotros que se engancha al mensaje (mensaje único) y nos hace ser perennes y eternos. Pero confundir Mensaje con Yo es una fantasía para escapar de la angustia de la permanencia eterna del mensaje.

            A veces podemos colocarnos por encima y, otras, descendemos a los infiernos, a las capas más internas de la tierra. Pero el mensaje sigue siendo el mismo.

            A veces lo confundimos con la intención comunicativa y transitamos modalidades oracionales diversas dejándonos imbuir de enunciaciones, alterar con exclamaciones, indagar con interrogaciones, subyugar con imperativos, atemorizar con dudas, fantasear con deseos… Pero el mensaje sigue siendo el mismo.

            A veces llegamos al mensaje llevados de la mano de alguien o de algo. Si no fuera así quizá sólo nos atreviéramos a mirarlo a través de la ladera, al otro lado de la cueva.

 Y a veces deseamos matar al mensajero que nos ha llevado tan cerca del mensaje, que ha conseguido que ya no podamos girar la mirada. Deseamos su muerte, pero el mensaje sigue siendo el mismo. Deseamos su muerte porque el mensaje sigue siendo el mismo.

            Otros códigos vendrán al rescate. Habrá códigos que nos recuerden que somos seres lingüísticos con significantes y significados, con doble articulación y arbitrariedades. Y códigos que nos lleven a realidades de una sola articulación y a referentes extraños, monstruosos, delirantes, perversos; que nos alejen de los referentes y nos dejen en la abstracción del símbolo. Y el mensaje seguirá siendo el mismo. Siempre es el mismo en todas las dimensiones: desde el absolutismo del paradigma mecanicista, desde los despotismos (ilustrados o no) con los que se disfrazan los que creen que pueden no ser culpables si se anclan en la pasividad o en la fantasía de la no-intervención, hasta las visiones cuánticas a la velocidad de la luz.

            Otros canales abrirán puertas y ventanas; algunas no conducirán a ninguna parte. Aunque hay quien afirma que no existe el “ninguna parte”. Algunos canales nos llevarán al mar abierto; otros, nos dejarán atrapados en diques oxidados. Y el mensaje seguirá siendo el mismo. Tsunamis.

            Emisores y receptores alzarán voces discrepantes y reconciliadoras; gritos de guerra y de alabanza; declamarán y exclamarán; escribirán sus nombres y olvidarán sus apellidos; describirán los círculos concéntricos de sus almas y argüirán la verticalidad de sus pensamientos. Y el mensaje seguirá siendo el mismo. Aunque la duda nos asalte;  el desaliento nos detenga; aunque la rendición nos sosiegue.

            El mensaje puede ser lo que se transmite, lo que se intercambia; lo que se crea o co-crea. El mensaje puede antecedernos o trascendernos. El mensaje puede formar parte de nuestras células y conformar la materia del cosmos.

 

            Siempre es el mismo. 

     

Mª Elena Picó Cruzans

 

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  • Alberto 4ºc (sábado, 13. mayo 2017 12:48)

    Según la RAE la define como:
    Del lat. Mod. Panicus, y este del gr. Πανικός Panikós.
    1. adj. Referente al dios griego Pan.
    2. adj. Dicho del miedo o del terror: Extremado o muy intenso que a menudo es colectivo y contagioso.

    Como divinidad silvestre, se le atribuían los ruidos extraños en campos y bosques, que con frecuencia intimidaba y aterrorizaba a campesinos y pastores. Por esa razón, surgió en griego la expresión deima panikón ‘miedo causado por Pan’, que se abrevió en la palabra griega panikós y que, tras pasar por el latín panicus, formó el castellano pánico, con significado similar: ‘miedo intenso por algo de origen desconocido’.

    Pan era el semidiós (depende la zona es considerado un dios pero técnicamente es un semidiós porque aun siendo su padre un dios su madre es una ninfa) de los pastores y de los rebaños (como curiosidad durante la edad media se relaciono con Satán por su aparecía de macho cabrío llevado por sus instintos), procedente de los bosques de Arcadia (zona que se extiendo del centro al sureste de la isla griega del sur con capital en Trípoli), pero cuyo culto se generalizó en todo el mundo helénico. Tenía el rostro barbudo, con cuernos y una expresión animalesca, además de miembros inferiores como los del macho cabrío (era un sátiro o conocido por la forma romana de nombre Fauno). Aunque se le atribuyeron diversos orígenes, era hijo de Hermes y de una hija de Dríope, según la leyenda más conocida.
    Cuando nació, su madre se horrorizó del hijo monstruoso que había traído al mundo, pero su padre lo envolvió en una piel de liebre y lo llevó al Olimpo, donde lo puso al lado de Zeus y lo mostró a los demás dioses, quienes de inmediato simpatizaron con él. Pan amó a la ninfa Eco y a la diosa Selene. Aunque es más reconocido por el mito de la flauta de Pan o Siringa. En ese mito se puede apreciar el origen del significado de la palabra.

    Aquí tenemos parte del mito escrito por Ovidio para que se pueda apreciar:
    Entonces el dios: «De la Arcadia en los helados montes», dice,
    «entre las hamadríadas muy célebre, las Nonacrinas,
    náyade una hubo; las ninfas Siringe la llamaban.
    No una vez, no ya a los sátiros había burlado ella, que la seguían,
    sino a cuantos dioses la sombreada espesura y el feraz
    campo hospeda; a la Ortigia en sus aficiones y con su propia virginidad
    honraba, a la diosa; según el rito también ceñida de Diana,
    engañaría y podría creérsela la Latonia, si no
    de cuerno el arco de ésta, si no fuera áureo el de aquélla;
    así también engañaba. Volviendo ella del collado Liceo,
    Pan la ve, y de pino agudo ceñido en su cabeza
    tales palabras refiere...». Restaba sus palabras referir,
    y que despreciadas sus súplicas había huido por lo intransitable la ninfa,
    hasta que del arenoso Ladón al plácido caudal
    llegó: que aquí ella, su carrera al impedirle sus ondas,
    que la mutaran a sus líquidas hermanas les había rogado,
    y que Pan, cuando presa de él ya a Siringa creía,
    en vez del cuerpo de la ninfa, cálamos sostenía lacustres,
    y, mientras allí suspira, que movidos dentro de la caña los vientos
    efectuaron un sonido tenue y semejante al de quien se lamenta;
    que por esa nueva arte y de su voz por la dulzura el dios cautivado:
    «Este coloquio a mí contigo», había dicho, «me quedará»,
    y que así, los desparejos cálamos con la trabazón de la cera
    entre sí unidos, el nombre retuvieron de la muchacha.

  • Sorana Andronie (jueves, 20. abril 2017 12:12)

    .La palabra "pedagogía" proviene del griego παιδαγωγία paidagōgía , en el cual παῖς (gen. παιδός paidós) significa "niño" y άγω (ágō) significa "guía", o sea "dirigir al niño"
    La RAE la define como nombre femenino:
    1. f. Ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza.
    2. f. En general, lo que enseña y educa por doctrina o ejemplos.

    La idea de pedagogía ha ido modificándose desde principios de siglo. Según la época histórica, la pedagogía se ha adaptado a diferentes características hasta llegar a lo que ahora se entiende como la ciencia multidisplicinaria que se encarga de estudiar y analizar los fenómenos educativos con la finalidad de apoyar la educación en todos sus aspectos para el perfeccionamiento del ser humano. La pedagogía admite que existen conocimientos provenientes de otras ciencias y disciplinas que le pueden ayudar a comprender lo que es la educación.

    Son varias las civilizaciones antiguas que pusieron un fuerte énfasis en desarrollar un tipo de educación acorde a lo que consideraban sus necesidades. Así, puede nombrarse a Egipto, la India, China, los antiguos judíos, etc. En todos ellos la religión poseía mucha importancia, y a ella se le adosaban las matemáticas, la filosofía, el arte, etc.

    Si nos remontamos al sigo VII cuando los árabes conquistaron la península y surgen las escuelas musulmanas, veremos que es ahí cuando tiene lugar la mayor apertura del mundo occidental a la primera escuela con carácter de universidad. Con el avance de la sociedad, los únicos que podían acceder a una educación formal eran los reyes y sus hijos y nobles, y los que podían inculcar como maestros eran los sacerdotes.

    No obstante, la pedagogía como disciplina propiamente dicha inicia su recorrido en el siglo XIX para afianzarse en el siglo XX y ha acogido una gran variedad de tendencias en su seno: pedagogía tradicional, en la que el rol activo lo ostenta el maestro y el alumno es un mero receptor de conocimientos; pedagogía activa, en la que el alumno tiene un rol activo y el maestro es ante todo un conductor; enseñanza programada, en la que la tecnología tiene un rol fundamental; constructivismo, que hace hincapié en la responsabilidad del individuo ante su propio aprendizaje; y finalmente, la pedagogía no directiva, en la que el educador es un motivador que crea situaciones problemáticas que deben ser resueltas.

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