Lírica en transversal
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ANTOLOGÍA DEL BARROCO

Luis de Góngora

 

Mientras por competir con tu cabello,

oro bruñido al sol relumbra en vano;

mientras con menosprecio en medio el llano

mira tu blanca frente el lilio bello;

 

mientras a cada labio, por cogello. 

siguen más ojos que al clavel temprano;

y mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello,

 

goza cuello, cabello, labio y frente,

antes que lo que fue en tu edad dorada

oro, lilio, clavel, cristal luciente,

 

no sólo en plata o vïola troncada

se vuelva, mas tú y ello juntamente

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

 

 

 

La dulce boca que a gustar convida

un humor entre perlas destilado,

y a no envidiar aquel licor sagrado

que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

 

amantes, no toquéis si queréis vida,

porque entre un labio y otro colorado

Amor está, de su veneno armado,

cual entre flor y flor sierpe escondida.

 

No os engañen las rosas, que a la Aurora

diréis que, aljofaradas y olorosas,

se le cayeron del purpúreo seno;

 

manzanas son de Tántalo y no rosas,

que después huyen del que incitan ahora,

y sólo del Amor queda el veneno.

 

 

 

Ándeme yo caliente

y ríase la gente.

 

Traten otros del gobierno

del mundo y sus monarquías,

mientras gobiernan mis días

mantequillas y pan tierno,

y las mañanas de invierno

naranjada y aguardiente,

y ríase la gente.

 

Coma en dorada vajilla

el príncipe mil cuidados,

como píldoras dorados;

que yo en mi pobre mesilla

quiero más una morcilla

que en el asador reviente,

y ríase la gente.

 

Cuando cubra las montañas

de blanca nieve el enero,

tenga yo lleno el brasero

de bellotas y castañas,

y quien las dulces patrañas

del rey que rabió me cuente,

y ríase la gente.

 

Busque muy en hora buena

el mercader nuevos soles;

yo conchas y caracoles

entre la menuda arena,

escuchando a filomena

sobre el chopo de la fuente,

y ríase la gente.

 

Pase a media noche el mar,

y arda en amorosa llama

Leandro por ver su dama;

que yo más quiero pasar

del golfo de mi lagar

la blanca o roja corriente,

y ríase la gente.

 

Pues amor es tan crüel,

que de Píramo y su amada

hace tálamo una espada,

do se junten ella y él,

sea mi Tisbe un pastel,

y la espada sea mi diente,

y ríase la gente.

 

 

 

Francisco de Quevedo

 

«¡Ah de la vida!»... ¿Nadie me responde?

¡Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las Horas mi locura las esconde.

 

¡Que sin poder saber cómo ni adónde

la salud y la edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.

 

Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue, y un será, y un es cansado.

 

En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

 

 

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

 

Es un descuido que nos da cuidado,


un cobarde con nombre de valiente,


un andar solitario entre la gente,


un amar solamente ser amado.

 

Es una libertad encarcelada,


que dura hasta el postrero parasismo,

enfermedad que crece si es curada.

 

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.


¡Mirad cuál amistad tendrá con nada


el que en todo es contrario de sí mismo!

 

 

 

 

Amor constante más allá de la muerte

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra, que me llevare el blanco día;

y podrá desatar esta alma mía

hora, a su afán ansioso lisonjera;

 

mas no, de esotra parte, en la ribera

dejará la memoria en donde ardía;

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

 

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

medulas que han gloriosamente ardido,

 

su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrán sentido.

polvo serán, mas polvo enamorado.

 

 

 

A un hombre de gran nariz

 

Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,

érase una alquitara medio viva,

érase un peje espada mal barbado;

 

Era un reloj de sol mal encarado.

érase un elefante boca arriba,

érase una nariz sayón y escriba,

un Ovidio Nasón mal narigado.

 

Érase el espolón de una galera,

érase una pirámide de Egipto,

las doce Tribus de narices era;

 

Érase un naricísimo infinito,

muchísimo nariz, nariz tan fiera

que en la cara de Anás fuera delito.

 

 

 

 

Lope de Vega

 

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

 

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

 

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor süave,

olvidar el provecho, amar el daño;

 

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño;

esto es amor, quien lo probó lo sabe.

 

 

 

 

Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tal aprieto;

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante.

 

Yo pensé que no hallara consonante,

y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto,

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

 

Por el primer terceto voy entrando,

y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

 

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.

 

 

 

Ir y quedarse, y con quedar partirse;

partir sin alma e ir con alma ajena;

oír la dulce voz de una sirena

y no poder del árbol desasirse;

 

arder como la vela y consumirse

haciendo torres sobre tierra arena;

caer de un cielo, y ser demonio en pena,

y de serlo jamás arrepentirse;

 

hablar entre las mudas soledades,

pedir prestada, sobre fe, paciencia,

y lo que es temporal llamar eterno;

 

creer sospechas y negar verdades,

es lo que llaman ene l mundo ausencia,

fuego en el alma y en la vida infierno.

 

 

 

Fuenteovejuna

 

 

(ESCENA XX)

Sale el JUEZ

JUEZ:

A Fuenteovejuna fui
de la suerte que has mandado

y con especial cuidado
y diligencia asistí.

Haciendo averiguación

del cometido delito,
una hoja no se ha escrito

que sea en comprobación;

porque conformes a una,

con un valeroso pecho,
en pidiendo quién lo ha hecho,

responden: "Fuenteovejuna."

Trescientos he atormentado

con no pequeño rigor,
y te prometo, señor,
que más que esto no he sacado.

Hasta niños de diez años

al potro arrimé, y no ha sido

posible haberlo inquirido
ni por halagos ni engaños.

Y pues tan mal se acomoda

el poderlo averiguar,
o los has de perdonar,
o matar la villa toda.

Todos vienen ante ti

para más certificarte;
de ellos podrás informate.

REY:

Que entren pues viene, les di.

 

(ESCENA XXI)

Salen los dos alcaldes, FRONDOSO, las mujeres y los villanos que quisieren

 

LAURENCIA:

¿Aquestos los reyes son?

FRONDOSO:

Y en Castilla poderosos.

LAURENCIA:

Por mi fe, que son hermosos;

¡bendígalos San Antón!

ISABEL:

¿Los agresores son éstos?

ALCALDE ESTEBAN:

Fuenteovejuna, señora,

que humildes llegan agora

para serviros dispuestos.

La sobrada tiranía
y el insufrible rigor
del muerto comendador,

que mil insultos hacía

fue el autor de tanto daño.

Las haciendas nos robaba
y las doncellas forzaba,

siendo de piedad extraño.

FRONDOSO:

Tanto, que aquesta zagala,

que el cielo me ha concedido,

en que tan dichoso he sido

que nadie en dicha me iguala,

cuando conmigo casó,

aquella noche primera,

mejor que si suya fuera,

a su casa la llevó;
y a no saberse guardar

ella, que en virtud florece,

ya manifiesto parece
lo que pudiera pasar.

MENGO:

¿No es ya tiempo que hable yo?

 Si me dais licencia, entiendo

que os admiraréis, sabiendo

del modo que me trató.

Porque quise defender

 una moza de su gente,

que con término insolente

fuerza la querían hacer,

aquel perverso Nerón
de manera me ha tratado

 que el reverso me ha dejado

 como rueda de salmón.

Tocaron mis atabales
tres hombres con tan porfía,

que aun pienso que todavía

 me duran los cardenales.

Gasté en este mal prolijo,

 porque el cuero se me curta,

polvos de arrayán y murta

más que vale mi cortijo.

ESTEBAN:

Señor, tuyos ser queremos.

Rey nuestro eres natural,
y con título de tal
ya tus armas puesto habemos.

Esperamos tu clemencia

 y que veas esperamos
que en este caso te damos

 por abono la inocencia.

REY:

Pues no puede averiguarse

 el suceso por escrito,
aunque fue grave el delito,
por fuerza ha de perdonarse.

Y la villa es bien se quede en mí,

 pues de mí se vale,

hasta ver si acaso sale

 comendador que la herede.

FRONDOSO:

 Su majestad habla, en fin,

como quien tanto ha acertado.

Y aquí, discreto senado,

Fuenteovejuna da fin.

 

 

 

 

Pedro Calderón de la Barca

 

MONÓLOGO DE SEGISMUNDO (escena XIX, jornada II, La vida es sueño)

 

Es verdad, pues: reprimamos

esta fiera condición,

esta furia, esta ambición,

por si alguna vez soñamos.

Y sí haremos, pues estamos

en mundo tan singular,

que el vivir sólo es soñar;

y la experiencia me enseña,

que el hombre que vive, sueña

lo que es, hasta despertar.

 

Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe

y en cenizas le convierte

la muerte (¡desdicha fuerte!):

¡que hay quien intente reinar

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte!

 

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.

 

Yo sueño que estoy aquí,

destas prisiones cargado;

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

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