Lírica en transversal
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DIÓGENES - Relato

Diógenes era un nombre demasiado pesado para soportarlo a cuestas un muchacho quinceañero, pero él no lo supo hasta que llegó a aquel colegio de ventanas anaranjadas, sin horizontes y de puestas de sol sobre las cuatro de la tarde, cuando el astro rey se escondía tras los altos edificios clónicos, y no lo supo hasta que la profesora de Castellano, nada más conocerlo y con la mejor intención, contó la historia del filósofo que vivía en un tonel y el cual pidió al todo poderoso Alejandro Magno, como toda recompensa a su supuesta infelicidad, que se hiciera a un lado y no le impidiera la llegada de los cálidos rayos solares. Y allí comenzó el calvario… Sólo llevaba media hora en aquel lugar y pocas semanas en aquella ciudad.

Ese primer día también llevó a cabo, por primera vez, el regreso en solitario hasta su nueva casa, un piso agazapado entre una colmena de viviendas de gentes laboriosas que llegaban al hogar más tarde que sus retoños, por lo que éstos campaban a su libre albedrío en calles, plazas, parques o entrando y saliendo ruidosamente de algunos establecimientos de supuesto divertimento u ocio… Y en aquel paseo inevitable, mientras perdía su mirada taciturna entre el dique variado de los coches aparcados, huérfanos de sus automovilistas, y las ventanas abiertas a la tentación del consumo, a Diógenes, nombre familiar en una tradición férrea, también se le fue asomando por vez primera el gélido fantasma de la soledad y la desesperación.

Y durante la cena, cuando contó las burlas, las pullas, las befas, mofas y escarnios recibidos en unas pocas horas de clase por parte de un grupo de supuestos compañeros, a quienes no conocía y a quienes nada les había hecho, recibió el consuelo baldío de sus amorosos padres y sus superfluos consejos de personas devotas y creyentes que confiaban ciegamente en la  bondad de su dios omnipotente.

- Ten paciencia, ya se cansarán… Al mal se vence con el bien, así que no respondas nunca a sus ataques o cometerás las mismas injusticias que ellos… Recuerda que el Señor todo lo ve y Él te protege – amonestaba su padre.

- Sé humilde y reprime tu ira – exhortaba su madre.

Y aquella noche, Diógenes, nombre como a broma de un santoral burlón y caprichoso, por primera vez lloró su rabia sobre la almohada muda y fría.

Pero aquello no había hecho más que comenzar y se repitió en multitud de variantes, cada vez más refinadas y crueles, una y otra y otra vez a lo largo de los días, hasta hacerse algo cotidiano e insoportable, como una telaraña de hilos invisibles que le iba aprisionando, y el muchacho, ya de por sí melancólico, introvertido y solitario, se iba marchitando en plena adolescencia como una flor fallida, mientras sus padres le hablaban de pruebas divinas, de resignaciones, de perdones, de amor al prójimo… y él, como buen hijo educado en el respeto y obediencia a sus mayores, sabía obedecer.

Sin embargo Diógenes, nombre filosofal de desnudez suprema, no era un niño débil ni miedoso, pues la constitución de su cuerpo, demasiado esbelto y fuerte para su edad, le daba la apariencia atlética que rara vez empleaba en ejercicios físicos, ya que su inclinación natural se volcaba más hacia el estudio y la meditación, extraño fenómeno entre los adolescentes del momento.

- De tal palo, tal astilla… ¡menudo cantamañanas! -  decía muchas veces el abuelo, enciclopedia andante de aforismos, un hojalatero de pueblo a quien no era extraño oír desde lejos gritando en eternas discusiones en el bar por algún lance de juego, cuando veía lo pacato y retraído que le había salido el nieto, a quien con frecuencia le contaba, al calor del hogar o a la sombra del olivo, según la estación del año, las viejas historias de su pueblo antiguo.

- ¡Míralo, igualito que su padre! - terciaba la abuela, añadiendo con suprema consternación -  ¡Y mi hija, con lo alegre y vivaracha que era!...

Así pues Diógenes, nombre mediterráneo de infinitos horizontes, arrastraba sus sinsabores con la cartera a cuestas aquellas tardes de invierno, demorando sus pasos entre las luces del atardecer, y se sentaba en un raído banco frente al escaparate de una boutique, donde se dejaba enamorar sin prisas por la belleza sintética del rostro perfecto y frío de un escultural maniquí de formas femeninas. Y sacaba su bloc de dibujo y trazaba inspiradas metáforas de rasgos indecisos mientras le iba contando mentalmente, a la atenta amiga tras el cristal, el nuevo acoso o el nuevo desprecio o la nueva indiferencia o el eterno vacío de aquel día que se iba apurando, hasta que la calle quedaba vacía, silenciosa, y los escaparates oscurecían sus promesas. Entonces se despedía con un lacónico “nomeolvides” de aquel solícito y hermoso rostro ya difuminado por las sombras, y se encaminaba hacia el hogar donde sus amorosos padres volverían a hablarle de las virtudes del perdón, de las ventajas de la mansedumbre, de las glorias del amor al prójimo, mientras a Diógenes, nombre de lámpara encendida en plena luz del día, le brotaban lágrimas de dolor que ellos no sabían interpretar.

- Y recuerda siempre los que decía Patronio al Conde Lucanor – repetía su padre convencido de la verdad suprema:

Por la piadat de Dios et por buen consejo,

sale omne de coyta et cunple su deseo.

Y el pobre muchacho se abrazaba a su almohada como el náufrago al madero que le mantiene a flote durante el duermevela que le duraba toda la noche.

Y pasó el invierno, y la primavera llegaba a su fin con la sospecha de los suspensos acechándole en las aulas y pasillos de aquel centro, reino de un feudalismo atávico donde se practicaban todas las fobias, donde no se conocía la amabilidad y donde la mayoría simplemente eran vasallos asustados de unos señores ignorantes y prepotentes para quienes ejercían de coro en las burlas, escarnios o deshonras de las pobres víctimas, entre las que se encontraba Diógenes, nombre amante del sol y ahorrador de sombras, hacía quien sentían especial predilección. Aunque poco importaba ya todo eso al chico que ansiaba el paso del tiempo ante perspectiva de unas vacaciones repletas de libertad.

Pero el destino sabe hacer rizos con su pelo y juega a complicar las cosas. Fue una tarde como las otras, aunque más fría y húmeda, con la calle más solitaria y los niños más proclives a zambullirse en el calor de sus casas, cuando, al pasar por delante de su escaparate preferido,  se percató de aquella ausencia que le produjo un fuerte dolor nunca antes sentido: su musa, su modelo, su amada había desaparecido y en su lugar se levantaba un esquelético alambre de color verde y formas indefinidas del que pendían, sin alma, desfallecidos, como los relojes de Dalí, las más variadas prendas que la imaginación diseñadora pueda crear. Las garras de la ansiedad atenazaron su pecho y, haciendo cámara con sus manos sobre el frío cristal, escudriñó el interior de aquel mundo nunca explorado sin ningún éxito. La lluvia caía despiadada sobre aquel niño que todos vieron ir de un lado a otro mirándolo todo con expresión aterrada; sobre aquel niño que la gente, siempre indiferente, vio acercarse a un contenedor de una obra y encaramarse a él para luego penetrar en su vientre; sobre aquel niño que los dependientes de las tiendas observaron con curiosidad emergiendo de entre los cascotes aferrado a un bulto parecido a una cabeza humana; sobre aquel niño que los vecinos vieron sentado en su portal acariciando la testa calva de un maniquí con un gran agujero en la frente. La lluvia caía impasible y ahogaba un lamento y borraba unas lágrimas mientras se perdía en el infinito vacío del aquel agujero negro en el rostro amado. Luego, todo duró como un relámpago, y sólo los ojos más avezados en escudriñar desde ventanas clandestinas las vidas anónimas pudieron darse cuenta: apresó una barra metálica del contenedor de derribos y acometió contra la ventana del derroche, donde un día antes habitara su musa, su modelo, su amada, y la convirtió en una lluvia de estrellas que explotaban al tocar el suelo y hacían sangrar sus manos con su simple roce celestial.

Aquella tarde, Diógenes, padre de Diógenes e hijo, a su vez, de Diógenes, recibió una llamada al trabajo. Cuando llegó al hospital ya no llovía, pero en cielo no había estrellas, ni luna, sólo oscuridad. En la puerta de la habitación se mantenía estoico un policía quien le pidió que se identificase y el cual le informó de lo sucedido. Al entrar vio a su hijo sentado en la cama, con vendas en las manos y rasguños en la cara, pero con la mirada firme y decidido a soportar cualquier tipo de bronca o tortura.

- ¿Por qué has hecho eso, hijo? – preguntó. Y ante esta pregunta de Diógenes padre, Diógenes hijo, nombre de esclavo en busca de un hombre honesto, perdió todo aplomo y contestó entre hipos y gimoteos:

- Así lo ha querido Dios, papá.

 

Ancrugon

DIÓGENES - Actividades

1.- COMPRENSIÓN LECTORA

1.1.- Identifica el tema y subtemas del texto.

Recuerda: el tema se enuncia en forma de sintagma nominal; procurando que el núcleo sea un sustantivo abstracto.

1.2.- Resume el texto.

Recuerda: estructura las secuencias narrativas en tres párrafos: planteamiento, nudo y desenlace.

 

2.- COMUNICACIÓN

FUNCIONES DEL LENGUAJE Y RASGOS FORMALES LINGÜÍSTICOS

En 2º de la ESO  nos iniciamos en el estudio de las funciones del lenguaje y el uso de las mismas en los diferentes textos. Este curso profundizaremos sobre los rasgos formales que las definen y cómo se relacionan con las tipologías textuales.

 

Funciones del

lenguaje

 

Definición        

             Actitud             

Modalidades

Oracionales y modos verbales

Textos

 Representativa

 

Referencial

    Contexto

                 objetiva

Transmitir

 información sobre los referentes (realidad)

-          Modalidad enunciativa.

-          Modo indicativo

-          3ª persona gramatical.

-          Léxico denotativo.

-          Expositivos

-          Científico- técnicos

-          Periodísticos:

  • Narrativos: noticias, reportajes, crónicas.

Expresiva

 

Emotiva

 

   Emisor

   

               Subjetiva

 

Expresar emociones, sentimientos o estados de ánimo

-          Modalidad interrogativa, exclamativa.

-          Modo subjuntivo

-          Léxico connotativo.

-          Sufijos apreciativos.

-          1ª persona gramatical.

-          Argumentativos

-          Literarios

-          Periodísticos: de opinión

 

* registro coloquial (textos conversacionales)

Apelativa

 

Conativa

 Receptor

 

Apelar al receptor y captar su atención.

-          Modalidad interrogativa, exclamativa  y exhortativa.

-          Modo imperativo.

-          2ª persona gramatical.

-          Vocativos.

 

  • Propagandísticos
  • Doctrinales
  • Publicitarios

-          Periodísticos:

  • De opinión
  • Publicitarios
  • Instructivos:
  • Ámbito cotidiano.
  • Ámbito académico.

 

2.1.- Localiza en el texto y copia ejemplos de cada una de las citadas funciones del lenguaje. Comprueba qué rasgos formales son los que están presentes.

 

LA ADECUACIÓN TEXTUAL

       

         En 2º de la ESO definíamos la “comunicación” no sólo como un intercambio de información, sino como una construcción paralela de información entre dos individuos que se comunican. (Wilhelm Rotthaus, ¿Para qué educar?). El filósofo Paul Watzlawick afirma, al respecto, “que no es posible no comunicar”. Y es por ello que cuando creemos que se ha roto la comunicación entre emisor y receptor o se ha producido un desacuerdo tendremos que revisar si es un problema de contenido o un problema de relación. Alicia en el país de las maravillas nos ofrece muchos ejemplos de esta diferencia:

 

  • No sé qué quiere decir con “gloria” – dijo Alicia.

Humpty Dumpty sonrió desdeñosamente.- Por supuesto que no… hasta que yo te lo diga. Quiero decir “debe de ser un argumento aplastante para ti”.

-Pero “gloria” no significa “un argumento aplastante”- protestó Alicia.

-Cuando yo uso una palabra – dijo Humpty Dumpty, en tono algo despectivo – esa palabra significa exactamente lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos.

-El asunto es – dijo Alicia – si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas.

-El asunto es – replicó Humpty Dumpty – quién es el maestro aquí; el amo; eso es todo.

                            Alicia en el país de las maravillas, L. Carroll

 

Esto es posible, sobre todo, gracias a las propiedades de adecuación del texto. La adecuación consiste en la adaptación a la situación comunicativa. De esta manera el contexto se convierte en el elemento vertebrador del sentido completo del texto, y nos delata la intención del emisor y la relación que mantiene con el receptor en cada situación comunicativa.

La relación entre los interlocutores (emisor y receptor) va a ser la que regule la adecuación textual. Y ésta afectará al resto de elementos de la comunicación:

         Respecto al canal: para distinguir la comunicación oral o escrita.

         Respecto al código: para discriminar el uso de la comunicación verbal o no verbal.

         Respecto al emisor: de él dependerá:

  • El  tono del discurso: objetivo, subjetivo, irónico (burlesco, satírico, cómico, despectivo…), crítico…
  •  Y la modalización: la implicación de la subjetividad del emisor.

Por otra parte, de la relación entre emisor/receptor dependerá el uso de un determinado registro: formal y cuidado o informal y coloquial.

Mientras que la finalidad o intención del emisor y sus pretensiones con el receptor quedarán realzadas en las funciones del lenguaje, las tipologías textuales, los ámbitos de uso y los géneros discursivos.

         Las funciones del lenguaje las estudiamos en 2º de la ESO y este curso las relacionamos con otros aspectos formales de la lengua y con las tipologías textuales.

         Los ámbitos de uso son los que combinan la intención del hablante con la situación donde se produce el acto comunicativo. Así, podemos identificar los siguientes:

  • Ámbito de uso mediático: el que ocupan los medios de comunicación social.
  • Ámbito académico: el que se manifiesta en las situaciones de aprendizaje. Es en este ámbito donde se incluyen los textos procedimentales.
  • Ámbito personal y cotidiano: se enmarca en las situaciones de comunicación cotidiana.
  • Ámbito publicitario: el que abarca la publicidad.
  • Ámbito literario: pertenece a la Literatura y se manifiesta a través de géneros literarios.

Las tipologías textuales, que se establecen desde el contenido, la estructura (externa e interna), y la intención comunicativa. También se denominan “modos de elocución” o “formas del discurso”.  Las principales: narración, descripción, exposición, argumentación, diálogo, instrucción.

         Para identificar los géneros discursivos tendremos en cuenta la combinación de la intención del hablante con el uso que vaya a darse al texto. Así, por ejemplo, un texto narrativo puede identificarse como novela si se incluye en el ámbito literario como género narrativo; o puede identificarse como noticia si se incluye en el ámbito mediático. Es, pues, una combinación entre la tipología textual y el ámbito de uso.

 

2.2.- Identifica en el texto “Diógenes”: tipología textual, ámbito de uso y género discursivo. Comprueba cómo los rasgos formales identificados en el ejercicio 2.1 sobre las funciones del lenguaje se pueden aplicar a estos datos.

 

3.- MORFOLOGÍA

Repasa y revisa: “Léxico en construcción”

3.1.- Analiza las unidades léxicas de las siguientes palabras que aparecen en la lectura e indica la clase de palabra a la que pertenece: quinceañero, automovilistas, omnipotente, cantamañanas, hojalatero, sinsabores, enamorar, nomeolvides, duermevela,  aterrada.

3.2.- Localiza en el texto ocho palabras que utilicen un prefijo que indique negación. Cópialas y separa lexemas y morfemas.

 

4.- LÉXICO

4.1.- Escribe cuatro sinónimos localizados en el texto para las siguientes palabras:

Burlas:

Acoso:

 

5.- SINTAXIS

Repasa y revisa: “¿Para qué sirve la sintaxis?”

 

        Uso de la coma y la sintaxis

         La aposición es un SN que funciona sintácticamente como complemento del núcleo de otro SN más amplio en el que se incluye. Existen aposiciones especificativas y explicativas. Las especificativas van unidas directamente al núcleo, por ejemplo: El jefe Antonio. Y las explicativas se enuncian entre comas, por ejemplo: Antonio, el jefe.

5.1.- Analiza sintácticamente los siguientes SN que acompañan el nombre de Diógenes en el texto y que funcionan como aposición:

Diógenes, nombre familiar en una tradición férrea,

Diógenes, nombre filosofal de desnudez suprema,

Diógenes, nombre de lámpara encendida en plena luz del día,

Diógenes, nombre amante del sol y ahorrador de sombras,

 

5.2.- Investiga sobre la etimología y significado de los nombres de algunos de tus compañeros y escribe aposiciones utilizando la función poética de la lengua.

 

6.- LENGUAJE LITERARIO

         La elegía es un subgénero de la poesía lírica que utiliza como tema el lamento, por cualquier cosa que se pierde: una ilusión, la vida, el tiempo, un ser querido, una etapa vital… En la Edad Media se llamaba endecha o planto y adopta la forma de un poema de duelo por la muerte de un ser querido.

 

6.1.- Busca imágenes de los relojes “desfallecidos” de Dalí. Selecciona una y escribe una elegía. (Mínimo de 10 versos)

6.2.- Identifica en el texto y copia ejemplos de uso poético de la lengua en el uso de recursos retóricos: personificación, metáfora, comparación, etc.

 

7.- ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS

 7.1.- Investiga quién fue Diógenes, y descubre el significado denotativo que aportan las connotaciones en las aposiciones. Haz un breve resumen de su biografía.

7.2.- Explica a qué obra literaria pertenecen Patronio y El Conde Lucanor. ¿Por qué crees que se utiliza en el relato?

7.3.- Busca información sobre los estoicos y explica el significado de este adjetivo en el texto cuando afirma: “En la puerta de la habitación se mantenía estoico un policía quien le pidió que se identificase y el cual…”

7.4.- Recoge del texto todas las referencias a lo sagrado y explica qué imagen de dios es la que nos presenta la historia. ¿Con qué etapa lo relacionarías? ¿Crees que sigue estando vigente?

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