Debate 7º:  Para 3º y 4º cursos  El miedo

El debate de este  primer trimestre, que compartimos los cursos de 3º y 4º de la ESO va a ser “El miedo”: qué significa para nosotros; si es o no bueno sentir miedo; qué tiene que ver el miedo con la valentía o la sabiduría… Reflexionaremos sobre la actitud que tomamos ante lo desconocido o no controlamos: si rezamos, llevamos amuletos, investigamos…

         El miedo se considera una de las emociones primarias, junto al enfado y a la tristeza. Vamos a debatir sobre el tiempo y el lugar que ocupa en nuestras vidas y hasta qué punto cumple una misión protectora o invasiva.

 

         A partir de las ideas que presentan los textos, que sólo se ofrecen como ejemplos de reflexión, tienes que escribir dos textos argumentativos, con un mínimo de 200 palabras, en los que expongas y argumentes tu opinión al respecto. En el primer texto expondras tu opinión y la argumentación de tu tesis. El plazo de entrega para este primer texto concluye el día 22 de octubre de 2020 (antes de las 22h.). A continuación, y a partir de los textos escritos por los alumnos de 3º y 4º, debes redactar un texto argumentativo (con un mínimo de 200 palabras) que apoye o rebata la tesis propuesta por tu compañero. El plazo de entrega para el segundo texto concluye el día 12 de noviembre de 2020 (antes de las 22h.)

           Los textos redactados deben mantener las normas básicas de expresión escrita y de redacción textual. Ten en cuenta, pues, los criterios y consignas dados para la redacción, así como las rúbricas de evaluación. Estos criterios y rúbricas constan en la página de información.

 

·        Recuerda que los textos enviados no aparecen inmediatamente en la página y que debes asegurarte de que pasados por lo menos dos días ya han sido incluidos.

 

         Éste es un debate abierto, por lo que puedes invitar a participar en él.

TEXTO 1:

 

El ser humano, desde que tiene conciencia de tal, ha tenido una serie de sentimientos innatos, y uno de ellos, y quizá una de las características principales para su supervivencia, ha sido el miedo. Limitador y beneficioso por igual, el miedo ha sido el culpable de guerras e incultura, y a la vez, inspirador de arte y colaborador para nuestra supervivencia… ¿En qué consiste este impulso humano?

 

El miedo en su ámbito físico biológico

 

El miedo se encarga en muchas ocasiones de hacernos conscientes de los peligros externos que nos pueden amenazar, y nuestro organismo los interpreta de la siguiente forma: primero los sentidos captan el foco de peligro, que pasa a ser interpretado por el cerebro, y de ahí pasa a la acción el sistema límbico. Este se encarga de regular las emociones de lucha, huida y, ante todo, la conservación del individuo. Además de todo esto, también se encarga de la constante revisión de la información dada por los sentidos, incluso cuando dormimos, para poder alertarnos en caso de peligro. Cuando esto ocurre, se activa la amígdala, que se encarga de desencadenar todo el sistema del miedo, y entonces nuestro cuerpo pasa a sufrir las siguientes reacciones:

 

·         Aumento de la presión arterial

·         Aumento de la velocidad en el metabolismo

·         Aumento de la glucosa en sangre

·         Detención de las funciones no esenciales

·         Aumento de adrenalina

·         Aumento de la tensión muscular

·         Apertura de ojos y dilatación de pupilas

 

En determinados momentos de miedo, puede llegar el pánico, que hará que se desactiven nuestros lóbulos frontales, retroalimentando el miedo y haciendo que se pierda la noción de la magnitud de este y en muchas ocasiones el control sobre la conducta de uno mismo.

 

El miedo en la sociedad

 

El miedo comenzó siendo algo positivo en las sociedades prehistóricas, ya que salvaguardaba a nuestros antecesores de peligros como los depredadores, las inclemencias del tiempo y demás amenazas, colaborando así en la supervivencia de la especie. A medida que las sociedades fueron avanzando, las teorías sobre los temores fueron creciendo paulatinamente y fueron utilizados en muchas ocasiones por los grandes poderes para controlar a las masas o para moldear a las poblaciones a su antojo.

Un ejemplo claro de esto son los sistemas políticos autoritarios, que se apoyan en el terror para asentar sus mandatos, como el nazismo, que asoló Europa durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado, y que basó gran parte de su poder en el miedo. También la fundación de terrores en contra de otros colectivos o etnias ha ayudado a la consolidación de sistemas políticos, demonizando y achacando males y peligros a diversos grupos que en muchas ocasiones distan de encarnar las características que se les atribuyen. Las religiones y muchas supersticiones también se utilizaron para paliar los miedos, como por ejemplo las promesas vikingas del Valhala, el paraíso donde iban los muertos caídos en combate, ya que, a través de esa creencia, los guerreros perdían su miedo a la muerte en la batalla. Muchas creencias han ayudado a las personas a lo largo de la historia como catarsis contra fobias o como impulso para la superación de terrores.

Los dioses vengativos, el infierno y las deidades malignas, las criaturas sobrenaturales… siempre han hecho que los crédulos vivan temerosos de realizar actos “moralmente reprobables”, simplemente por el miedo a lo desconocido.  Varios rasgos comunes en muchas religiones siempre han sido el fin del mundo y los entes malignos, sembrando el pánico entre los fieles y dejando resquicios de terror entre las sociedades modernas.

 

El miedo en el imaginario popular y el arte

 

La exploración de los sentimientos más oscuros del ser humano siempre ha sido algo que ha cautivado al ser humano. Desde las gárgolas de las catedrales, que evocan monstruos horrendos con escorzos agónicos, hasta el moderno cine de terror, el ser humano se ha recreado en sus miedos, y, mientras muchos se mantienen desde el principio de los tiempos (deidades malignas, la muerte, terrores sobrenaturales…), otros se han ido refinando o apareciendo a medida que la sociedad avanzaba, como las fobias sociales o las angustias modernas. Los artistas de todos los tiempos no han dudado en explotar este sentimiento humano, y desde siempre podemos ver ejemplos de arte terrorífico en todas las disciplinas posibles y en todas las vertientes de este…

 

Fuente: www.nationalgeographic.es

TEXTO 2:

 

EL MIEDO

 

Vivir, crecer, generan dolor y, por tanto, miedo. El miedo es el efecto de anticipar imaginariamente el dolor que asociamos, por experiencia (propia o ajena, real o virtual), a la situación o suceso que tememos.

Pero, aunque el miedo es muchas veces nuestro aliado (nos advierte del peligro y nos invita a ser precavidos), otras veces es excesivo y puede impedirnos asumir el riesgo que supone vivir experiencias valiosas.

Para afrontar ese miedo excesivo hay que tener valor. Y la valentía (que no es carecer de miedo, sino controlarlo para que no nos bloquee) está necesariamente ligada al conocimiento. Parece obvio que la persona que cree conocer las causas del sufrimiento al que se expone (y, por tanto, la mejor manera de evitarlo o paliarlo), se enfrentará con mayor arrojo a la situación potencialmente peligrosa. Recordad que no es lo mismo el valor que la temeridad (esta es efecto de la inconsciencia o desconocimiento, y dura lo que tarda el temerario en sufrir el primer golpe).

De otro lado, en el mundo parece haber muchos acontecimientos que no controlamos, y cuyos efectos pueden ser fatales para nosotros (catástrofes naturales, enfermedades, accidentes…). Es por ello por lo que a veces nos sentimos seres a merced de la suerte. Esto genera una gran inseguridad. Y a mucha gente le empuja a usar amuletos, o a rezar y confiarse a un ser supuestamente más poderos que él.

Pero también hay gente que se empeña en conocer y descifrar las causas de lo que nos parece “accidental” o “azaroso”, para que así deje de serlo. En este caso, el conocimiento sería un seguro para sentirnos más seguros y controlar mejor la inseguridad que inspira la vida.

 

Maite Larrauri,

Filosofía para profanos (adaptación)

TEXTO 3:

Miedo y Cobardía

 

         El miedo ha sido (y es) compañero en muchos momentos de mi vida. Y el que rescato a menudo del recuerdo me regresa a la primera noche que llegué a India, hace ahora unos dieciséis años.

         Entré en India una noche repleta de gente, olores y ruido. Tuve incluso la sensación de no poder respirar en aquella humedad cálida. Y de forma casi inmediata esa sensación se internó en mí, y se agazapó en un sentimiento de profunda soledad. En India descubres que el miedo siempre está presente: se hace consciente cuando la mente le da consistencia; se disgrega cuando el espíritu lo diluye en alguna sustancia disolvente: la naturalidad, la sencillez, la sinceridad, la armonía...

         Existen dos tipos de miedo:

         El primero convive con nosotros. Es el que nos conecta con la “cobardía”. La Gestalt lo llama miedo adaptativo. A menudo consideramos el miedo como algo desagradable y paralizante; no obstante, la Gestalt, desde su mirada integrativa, nos rescata el miedo como un sentimiento que nos conecta con nuestro instinto de supervivencia, ya que nos pone en alerta ante la amenaza (nos avisa del peligro), y nos hace conscientes de nuestras fuerzas de defensa ante ella. De esta manera, si estamos conectados con el miedo podemos optar entre nuestras armas por aquellas que nos salvan del peligro. La Gestalt tiene esta facilidad para rescatar palabras de “mala prensa”: incluso lo hace con la “ansiedad”, que nos anticipa el miedo, nos moviliza conectándonos con nuestro entusiasmo y nos informa de hasta qué punto estamos listos para lo que estamos improvisando. Es una invitación constante a tomar aquello que ya somos.

         El segundo es el que creamos nosotros. Desde nuestra fantasía identificamos el miedo con la amenaza. Y es que a menudo a las personas nos resulta más fácil la fantasía del victimismo que la realidad del fracaso. Lo hacemos para asustar al primero porque nos aterra la cobardía: la debilidad, la necesidad, la inseguridad, la incertidumbre...

 

“Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza

del cielo se abre como una boca de muerto.

Tiene mi corazón un llanto de princesa

olvidada en el fondo de un palacio desierto.

 

Tengo miedo- y me siento tan cansado y pequeño

que reflojo la tarde sin meditar en ella.

(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño

así como en el cielo no ha cabido una estrella).” (…)

 

                             Pablo Neruda, Tengo miedo

 

         Lo cierto es que creamos (de “crear”) y nos creemos (de “creer”) el segundo miedo para espantar el primero, y acabamos huyendo del segundo porque nos atemoriza. Y, al final, salimos corriendo de nosotros mismos.

         El primero nos permite la retirada.

         El segundo nos lanza hacia la huida.

 

         Cervantes nos rescata magistralmente la “cobardía” en boca de Sancho, en el capítulo XXIII de la Primera parte de “El Quijote”:

 

Viéndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero:

 

-Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en el mar. Si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera escusado esta pesadumbre; pero ya está hecho: paciencia, y escarmentar para desde aquí adelante.

 

-Así escarmentará vuestra merced -respondió Sancho- como yo soy turco; pero, pues dice que si me hubiera creído se hubiera escusado este daño, créame ahora y escusará otro mayor; porque le hago saber que con la Santa Hermandad no hay usar de caballerías, que no se le da a ella por cuantos caballeros andantes hay dos maravedís; y sepa que ya me parece que sus saetas me zumban por los oídos.


 -Naturalmente eres cobarde, Sancho -dijo don Quijote-, pero, porque no digas que soy contumaz y que jamás hago lo que me aconsejas, por esta vez quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha de ser con una condición: que jamás, en vida ni en muerte, has de decir a nadie que yo me retiré y aparté deste peligro de miedo, sino por complacer a tus ruegos; que si otra cosa dijeres, mentirás en ello, y desde ahora para entonces, y desde entonces para ahora, te desmiento, y digo que mientes y mentirás todas las veces que lo pensares o lo dijeres. Y no me repliques más, que en sólo pensar que me aparto y retiro de algún peligro, especialmente déste, que parece que lleva algún es no es de sombra de miedo, estoy ya para quedarme, y para aguardar aquí solo, no solamente a la Santa Hermandad que dices y temes, sino a los hermanos de los doce tribus de Israel, y a los siete Macabeos, y a Cástor y a Pólux, y aun a todos  los hermanos y hermandades que hay en el mundo.
 
-Señor -respondió Sancho-, que el retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para mañana y no aventurarse todo en un día. Y sepa que, aunque zafio y villano, todavía se me alcanza algo desto que llaman buen gobierno; así que, no se arrepienta de haber tomado mi consejo, sino suba en Rocinante, si puede, o si no yo le ayudaré, y sígame, que el caletre me dice que hemos menester ahora más los pies que las manos”.

 

 

         El “I Ching” dice al respecto: “No es fácil entender las leyes de una retirada constructiva (...) Saber emprender correctamente la retirada no es signo de debilidad sino de fortaleza”.

 

         India me ofreció la oportunidad del veneno y también la del antídoto. ¡Qué camino de noche hasta despuntar el día! India se abría a la luz y desaparecían los temores de lo desconocido, de la desconfianza, del cansancio, de la decepción...

         Me reconforta recordar esta imagen que diluía el temor, en una tierra donde constantemente estás conectado a ti mismo. Y no te abandona la sensación de estar (casi) siempre en “peligro”.

         India nos puede rescatar mejor que nadie el miedo. Es como una madre que te conecta a tu cobardía para mantenerte alerta y para protegerte. Y, otras, te deja plantada ante ti misma, y descubres que estás mirándote por primera vez, y si resistes el primer impulso de salir corriendo, puedes descubrir incluso algo que te guste de ti.

 

         El segundo miedo se genera al considerarlo como un enemigo; identificamos el miedo con la amenaza: es la tormenta que nos acecha a campo descubierto, es la oscuridad que nos golpea en la noche, es la mano que amenaza o el grito que inquieta, es la araña que se desliza, la incertidumbre de la vida, el acoso de la muerte, el examen que se avecina...

         El primero no es la amenaza, no es el “enemigo”, sino que surge ante su presencia, y nos dice cuan grande es él y cuan grandes/pequeñas son nuestras fuerzas. Es un gran aliado cuando dejamos de salir huyendo de nosotros mismos.

 

         Pero esto en muchas ocasiones no es fácil: desde niños hemos escuchado la frase “No tengas miedo” como alivio y consuelo. Y, otras veces, incluso puede llegar a ser muy difícil: en una ocasión escuché la frase de una madre a su hijo “No llores como un débil”. De esta manera no sólo se consigue que se inhiba el miedo (como en la primera frase), sino que además se genera un sentimiento de vergüenza por su propia debilidad, que derivará posteriormente en angustia, compañera infatigable del segundo miedo, que es posible que el niño aprenda a transformarla en furia.

 

A pesar de todos los posibles rescates, las personas siempre vamos a tener la elección de vivir con el miedo como amenaza: vivir huyendo. No siempre tenemos fuerzas para mirar y mirarnos, para retirarnos, para buscar consuelo, para “salvarnos” ... Existen muchas formas de envejecer.

 

         Sin duda es más fácil rescatar el primer miedo. No obstante, también podemos intentarlo con el segundo. Así que, si no puedes dejar de ver el miedo en el bando contrario, siempre queda la opción de rescatar la palabra “rechazo” y tomar conciencia de lo que llamamos “la generosidad del enemigo”. Yo en estos casos me hago esta pregunta: ¿Qué tiene el enemigo que yo no tengo y que deseo? Quizá de esta manera descubramos que el miedo a la muerte es el impulso para cuidar mi vida (y mi salud), que el miedo a la soledad es la mejor motivación para buscar compañía, que el miedo al futuro es el trampolín que me permite disfrutar del momento presente... Yo esto no lo aprendí de ningún libro en concreto; lo aprendí de mi padre. Mi padre ha sido un hombre en el que he visto pocas veces asomarse el miedo; sin embargo, estoy convencida de que estaba profundamente conectado con él y con su propia cobardía. Nadie mejor que mi padre me rescata la palabra “miedo” porque no conozco a nadie que ame tanto la vida como él. Tenía una frase: “El buen vino y los valientes duran poco”.

 

                   Mª Elena Picó Cruzans, artículo publicado en El volumen de una sombra, Palabras de mala prensa (abril, 2011)

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  • Alexandre Martí García Vicent 4B (domingo, 27. septiembre 2020 12:04)

    Contestando a Carlos Cano 4A:

    Respecto a lo que nos comenta el chaval, para el el miedo es una emoción que es bastante indefinida y la podemos apreciar de muchas formas, pero tampoco la podemos apreciar en sí porque es muy extensa y variada, ¡Boom!

    Carlos comenta también diversos factores que te pueden provocar miedo, en lo que estoy de acuerdo porque todos podemos acabar asustados, inseguros de alguna forma.

    Luego dice que el miedo nos paraliza, que no nos deja avanzar. Y luego dice que es una de las emociones que han permitido que el ser humano milenios atrás evolucione y que llegue hasta donde estamos nosotros, ¡Boom! Bueno lo que quiero decir es que para mí al contrario que dice Carlos el miedo es una emoción tan inútil como yo en matemáticas. Es una emoción que nos retiene que no nos deja avanzar. Como mucho nos paramos a parar después de asustarnos y decimos por qué nos hemos asustado. Pero en definitiva el saber conlleva responsabilidad y esa responsabilidad es el miedo.

    Para acabar Carlos dice que el miedo estimula todos nuestros sentidos; en cambio yo pienso que no nos deja ni pensar.

  • Alexandre Martí García Vicent 4B (domingo, 27. septiembre 2020 11:54)

    Buenas, hoy voy a hablaros de mi percepción del miedo.

    A ver el miedo es una emoción como cualquier otra que nos acompaña a lo largo de nuestra vida, aunque para mí es la peor de todas. Ahora me explico, el miedo no es como la tristeza o la ira, que te acompañan a lo largo de tus decisiones. Es una emoción que lo que hace es no dejarte tomar esas decisiones. Siendo sincero la verdad es que subjetivamente me da bastante asco porque no vale para nada. Además de que de él derivan un montón de cosas chungas como la vergüenza, la inseguridad…

    Además el miedo madura, al igual que las otras emociones, pero este tiene algo distinto. El miedo en vez de quedarse dentro de ti te envuelve si no lo sabes manejarte bien. Podríamos decir que esto va de la mano con la sabiduría , ¿no? Como decían mis padres: “los adultos somos tontos”. Se preocupan excesivamente, estrés. Van a trabajar para pagar una casa la cual no usan porque tienen que ir a trabajar para pagar la casa. Los problemas del mundo, lo ves todo tan claro y de repente este te traga.

    Ahora si nos ponemos a hablar de la valentía no pienso que esta tenga que ser lo contrario del miedo. Digamos que son dos pokémons, tu consigues dominar a uno que prevalecerá sobre el otro. Pero este flujo se puede ver afectado por cualquier suceso de tu vida. Se podría decir que la valentía son decisiones tomadas con mayor tenacidad que el miedo que tienes en tu interior.

  • Óscar García Garnes 4ºA (sábado, 26. septiembre 2020 15:53)

    Hola, soy Óscar García Garnes de 4ºA y hoy voy a hablar sobre el miedo y dar un poco mi opinión sobre este tema.

    Para empezar, yo pienso que el miedo es un sentimiento que todo el mundo ha tenido y ha llegado a experimentar, para mí, el miedo es algo lo cual nos hace frenar y pensar sobre ello, así finalmente reaccionaremos a ello con una acción, la cual nos hará enfrentarnos a el miedo. Por ejemplo, cuando somos pequeños, la mayoría de nosotros le teníamos miedo a apagar las luces de el pasillo y tener que irnos al dormitorio, ya que, yo al menos, iba corriendo, ya que le tenia miedo a la oscuridad. Ahora que vamos creciendo, se nos va quitando el miedo a estas tontería, pero vienen otras muchas más, como puede ser la desconfianza hacia nosotros mismos o miedo hacia algo, como podría ser la aracnofobia o la pandemia mundial que estamos viviendo actualmente. El miedo se puede vivir de diferentes maneras, el miedo puede ser algo malo, puede ser algo que te gustaría superar para ya no volver a tener miedo sobre algo, como el ejemplo anterior, a las arañas, puedes ver una y ya no tener la necesidad de gritar por esa fobia; o también puede ser bueno, ya que aquella cosa a la que le tienes miedo, te puede llegar a perjudicar algún día si no le tuvieras miedo, y al tenerle miedo, no te acercarías a ello.

    Como conclusión, yo pienso que, todo el mundo, le tiene miedo a algo, pero este sentimiento hay que intentar moderarlo, ya que no puedes vivir durante toda tu vida con miedo.

  • Pablo Báguena Ibáñez 4ºD (jueves, 24. septiembre 2020 20:51)

    Buenas, soy Pablo Báguena de la clase de 4ºA y os voy a dar mi punto de vista sobre uno de los sentimientos mas presentes en todas nuestras vidas: el miedo.


    El origen del miedo viene desde hace muchísimos millones de años, mucho antes de la aparición de los seres humanos. Los dinosaurios, o nuestros mismos ancestros ya eran capaces de sentir miedo, pero me voy a centrar en el miedo con respecto al ser humano, y como ha ido evolucionando hasta transformarse en la expresión del miedo que conocemos hoy en día.


    Dicho esto, vamos a empezar con la primera expresión humana del miedo, que sucede en el mismo momento de nuestro nacimiento. Somos enviados a un mundo del que no conocemos nada, recibidos por personas que no hemos visto jamás, y que en ese momento, somos casi incapaces de ver. No tememos por tener consciencia, tememos por naturaleza. Y esta es una de las principales representaciones del miedo: el miedo a lo desconocido. Es una expresión que todo el mundo conoce y ha vivido varias veces en su vida. Ya sea un lugar desconocido, un sentimiento desconocido, una persona desconocida, pero todo aquello que es desconocido nos genera un miedo de entrada.

    Pero el miedo no tiene por qué ser algo negativo. Retomando el tema de nuestros antepasados, ellos a menudo sentían este miedo a morir un una cacería, o a un animal que jamás antes habían visto, una tierra a la que tenían que inmigrar por el modo de vida nómada, o quizás a un grupo de personas que no conocían antes. Pero el miedo a todo esto es lo que nos ha transformado en lo que somos hoy en día. Si no hubiéramos tenido miedo a la muerte, ¿qué nos hubiera pasado como especie? ¿Qué le pasaría a cualquier especie que no tenga este miedo instintivo a no vivir el mañana?
    Para mi la respuesta es clara.



    Pero es cierto que el miedo no se expresa igual ahora que hace un millón de años, ni hace mil, ni hace cien. El miedo es un sentimiento arraigado a el valor que tenemos de nuestra propia vida, eso es cierto, pero también es un sentimiento, ahora más que nunca, que está arraigado a la sociedad.

    Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que muchas, muchísimas veces hemos evitado tomar una decisión que podría resultar en algo muy positivo para nosotros por el miedo de qué consecuencias negativas podría traer de no salir de la forma esperada, o de las consecuencias que puede traer a nuestra reputación como miembros de la sociedad y los círculos sociales en los que nos movemos.
    Sabemos que si, por ejemplo, un interés amoroso nos rechaza y nuestro círculo de amigos se entera, podemos ser víctimas de burlas o actitudes similares, o de prejuicios, aunque no te sean manifestados, y para mí, esa es la mayor expresión del miedo a día de hoy. El miedo se representa hacia nosotros mismos como un sentimiento, pero al resto, más que como una acción, se representa como la ausencia de ella. Y aunque está claro que seguimos temiendo a la muerte, al igual que todos nuestros antepasados, creo que esa forma de ver el miedo no es la que está con nosotros día a día, sino la que he mencionado antes, el miedo a la sociedad y el rechazo.

    Esta ha sido mi reflexión personal y espero que os haya gustado.

  • nicolás soriano mateu (jueves, 24. septiembre 2020 20:18)

    EL MIEDO. (Nicolás soriano mateu 4ºC)
    El mido para mí es un sentimiento que algunas veces pude confundirse con la vergüenza y el respeto. Es decir que es un poco compleja la verdad, para mí el miedo a parte de ser un sentimiento es una sensación que no se la recomendaría a nadie.
    Yo tuve una vez una experiencia frente a frente con el miedo , iba yo caminando por la noche por la montaña por un camino cundo tranquila mente paseando y alumbrando con la linterna del teléfono cuando de repente me quede sin batería entonces yo en ese momento me preocupe un poco pero dije en mi cabeza no pasa nada pero yo me asuste en seguida porque igual no ay ningún ruido pero yo me o pienso que si entonces me en pese a asustar y empecé a correr hasta llegar a mi pueblo y yo no podía correr tanto pero por supervivencia pude correr hasta llegar yo no le recomiendo esto anadee pero si le pasa algo así que intente o mentalizarse o tranquilizarse porque si no es mucho peor .
    El miedo nos lo creamos nosotros en la cabeza lo que ay que hacer es mentalizarse y tranquilizarse y al final uno es capaz de controlarse.

  • Carlos Cano Muñoz 4ºA (lunes, 21. septiembre 2020 21:32)

    Hola, soy Carlos Cano Muñoz de 4ºA, y hoy voy a hablaros sobre el miedo y a daros mi opinión.

    El miedo para mi es un sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que va a suceder algo negativo, se trata de la angustia ante un peligro que, y eso es muy importante, puede ser real o imaginario. La relevancia de ese matiz, es que aunque el peligro no exista, por ser imaginario, el miedo, por lo contrario, sí puede ser muy real.
    ¿Qué nos produce el miedo? La variedad de estímulos que genera esta emoción en nosotros, son tan enteros, como extensos, y es por eso que se nos hace imposible enumerarlos. Cualquier cosa puede provocar miedo en una determinada persona, y una de las cosas que nos produce el miedo, es que nos paraliza y no nos deja avanzar.
    Por otra parte, yo creo que el miedo no es del todo malo, nos sirve para reaccionar y escapar eficazmente de cualquier peligro inminente, te mantiene alerta, y pone tus sentidos a trabajar a su máxima capacidad. El miedo es necesario para evitar situaciones de riesgo.
    Como conclusión, quiero recalcar que a lo largo de la historia de la humanidad, ha sido el miedo el responsable en gran medida de la supervivencia de la especie, y es por eso que como todos los sentimientos, el miedo, tiene su parte positiva y negativa. Y por último, una canción que hable sobre el miedo, es de Rosana-Sin Miedo.

  • Jose Belloch Sanchez (viernes, 18. septiembre 2020 17:16)

    José Belloch Sanchez 3B
    Para mi el miedo es una emoción que te impide hacer hacer cosas que quieres hacer.
    Pero no solo el miedo es de las películas de terror también se puede tener miedo a suspender un examen.
    Sentir miedo puede ser bueno y malo:
    Si es bueno es un tipo de auto conocimiento pensar.
    Ejemplo:Tener miedo a que te quiten el móvil por miedo a suspender un examen.La solución es estudiar y si lo apruebas no te quitaran el móvil.
    Si es malo te impide hacer cosas que quieres realizar no quieres saber nada de películas de terror
    porque aun tendrás mas miedo o otra opción es miedo con la familia tener miedo a que tu abuela se muera.
    Para los niños pequeños es mas fácil que se asusten que nosotros ya que ellos tienen miedo que nosotros.

  • Estefanía Torres Baena 4°C (viernes, 18. septiembre 2020 12:41)

    Hola, mi nombre es Estefanía Torres Baena y hoy voy a presentar mi debate sobre el miedo.
    ¿Qué es el miedo? ¿Está siempre presente? ¿Podemos controlarlo?... Estas son algunas de las preguntas más comunes acerca de este sentimiento. Para mí, el miedo siempre está, pero es como un caballo que hay que domar.
    Si retrocedemos en el tiempo, el miedo es posiblemente uno de los principales factores de preocupación con los que tenían que lidiar, ya que por ejemplo, el fuego les ayudaba a mantener a raya a los animales, de los cuales seguramente temían.
    Esta curiosa palabra nos puede hacer recordar nuestros límites o preocupaciones, pero también, hay más de una forma de sentir el miedo. Una de las más comunes puede ser el miedo a la muerte, pero otra forma muy curiosa es por ejemplo el terror en las películas. Seguro que todos hemos visto o escuchado hablar de películas de este género, entre las que podemos encontrar el miedo o el suspense muy presente, aunque en este caso, este factor sea fruto de la ficción.
    Para acabar con este debate, me gustaría transmitir una frase de William Shakespeare. “De lo que tengo miedo es de tu miedo”. Para mí, esta cita me recuerda que podemos controlar todos nuestros sentimientos, pero sin embargo, nunca podemos percibir exactamente lo que la gente de nuestro alrededor siente.
    Por todo esto, me gustaría lanzar una pregunta para que cada persona reflexione. ¿De verdad es malo sentir miedo?

  • Arturo Martínez Navarro (lunes, 14. septiembre 2020 19:17)

    Hola soy Arturo de 4C y hoy me gustaría hablar del miedo.
    ¿Qué entendemos cómo miedo? El miedo es unas de las emociones que más sentimos, pero ¿ es bueno sentir miedo? Mi respuesta es sí.
    Te explico porque es bueno en cierta forma, el miedo nos hace tener los pies en el suelo, respetar las cosas, no creernos que nos podemos llegar a un sitio o a una meta imposible. Tampoco es bueno sentir mucho miedo porque eso te hace limitar demasiado tu vida, tus metas etc. El miedo a lo desconocido es seguramente el de los peores ya que es el que te limita a todo lo nuevo, eso no conlleva a que no tengamos nada de miedo ya que como he dicho antes porque hay cosas o personas que no nos ayudaran nunca y es mejor no conocerlas. Si aprendes a controlar a que lo que tienes miedo te hará ser una persona sabia, pero tener miedo no te hace ser menos o más valiente. Las personas que tienen un dios al que alabar para que le proteja o usan cualquier tipo de amuleto son generalmente gente que no tiene confianza o seguridad en sí mismo y sienten miedo por cualquier cosa que les pueda pasar.
    En conclusión, mi opinión es que el miedo es una emoción que se debe sentir, pero no en exceso.

  • María Elena Picó Cruzans (lunes, 14. septiembre 2020 19:15)

    El miedo a las represalias
    Para referirme al miedo quisiera retomar un texto que escribí cuando se suponía que estábamos saliendo del confinamiento este mes de junio. (Lo curioso es que creo que el confinamiento, realmente, lo estamos teniendo ahora, ya que no hay peor prisión ( y más segura) que la de creer que somos libres).
    Por aquel entonces se hablaba de retomar la normalidad. No obstante, mi invitación era no a retomar nada. Ni siquiera la normalidad, que no sé muy bien en qué consiste. “Nunca te bañas dos veces en el mismo río” es una metáfora de Heráclito que evidencia con claridad plástica esta realidad. Mi invitación era a tomar.
    Cuando nos hablan de “retomar la normalidad” sentimos cierta inquietud o desasosiego. No hay nada que retomar; nada susceptible de retorno. La opción es tomar. No puedo imaginar la cordura, por ejemplo, como una especie de corriente intermitente que aparece y desaparece al azar; sino más bien como una energía permanente que yo puedo tomar. Y lo más interesante: sin excluir mi locura.
    ¿Cuál es el miedo? (Siempre suele haber uno u otro rondando los tránsitos).
    El Dr. D.R. Hawkins cita en su libro Dejar ir muchos ejemplos de posibles causas del miedo, que son más o menos explícitas e identificables; pero dice que hay un miedo del que muchas personas suelen ser inconscientes: el miedo a las represalias. Dice que en el fondo este miedo esconde el deseo de esquivar, devolver el golpe y atacar. Me he preguntado qué es para mí el “miedo a las represalias”; ¿he sentido miedo a las represalias alguna vez? ¿y en este confinamiento? ¿y en esta desescalada del confinamiento?... Y, ¿qué es eso de represalias? A veces, las represalias consisten en la pérdida o no cesión de ciertos privilegios, que no queremos perder o que queremos que nos otorguen; otras, son las demandas para ser consecuentes con nuestros juicios, opiniones y acciones (en estos tiempos de hemerotecas y nubes de memoria eterna). Y otras, las represalias no son ni más, ni menos, que las palancas de cambio que nos llevan a tomar el lugar que ocupamos, y (a veces lo más difícil) a ser conscientes de que si no lo hacemos es nuestra opción. Estas últimas son las que tememos si soltamos nuestras ganancias secundarias.
    Y cuando tomamos el lugar que ocupamos y tomamos el margen de maniobra en el que nos movemos, nos damos cuenta de que esos “privilegios” derivan de la mirada perversa que confunde los derechos con favores y que facilita la estrategia, no siempre consciente, de lo que yo denomino “despotismo iletrado”. Nos damos cuenta de que “ser consecuentes” deriva de la mirada perversa que confunde consecuencia con coherencia, y coherencia con autenticidad. Nos damos cuenta de que no somos esclavos de nuestras palabras (por más hemerotecas y nubes que haya). Y nos damos cuenta de que las ganancias secundarias mantienen una alianza perversa entre la inocencia y el amor, y el amor con el amor con respeto. Nos damos cuenta de que no puedo perder lo que no me pertenece (no es posible perder o que nos arrebaten nuestros dones) y dejo de identificar mis logros con mis dones.
    Se nos está vendiendo la siniestra idea de que el gran reto (se hace especial hincapié en los docentes) de la situación actual es la adaptación a las nuevas tecnologías. Esto me da mucha risa, cuando no me deja consternada y confusa. Me pregunto si acaso la transmutación de las mentiras y milongas depende de los megas de tu ordenador; depende, quizá, de los tipos de perífrasis verbales y oraciones subordinadas que puedas identificar; del listado de cacharros que puedas nombrar con propiedad; de las reliquias que logres restaurar… En fin. Me pregunto si acaso el despotismo, la mezquindad o la insolencia dependen de una conexión lenta a internet o de la habilidad que uno tenga para elaborar vídeos tutoriales. No sé; quizá, no.
    Yo estoy pensando que el reto está, precisamente, en trascender este miedo a las represalias. Aquí es donde os invito a pensar en vuestros retos. Y en vuestros dones.

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"Lírica en transversal" es un proyecto educativo sistémico para la Enseñanza Secundaria. El engranaje es la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, que nos ofrece los mapas del camino y, de la mano de la lírica, nos adentra en la búsqueda de encuentro entre la educación y la enseñanza, integrando lo curricular con lo transversal.

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