Lírica en transversal
Lírica en transversal

Debate 7º:  Para 3º y 4º cursos                                   El miedo

El debate de este trimestre, que compartimos los cursos de 3º y 4º de la ESO va a ser “El miedo”: qué significa para nosotros; si es o no bueno sentir miedo; qué tiene que ver el miedo con la valentía o la sabiduría… Reflexionaremos sobre la actitud que tomamos ante lo desconocido o no controlamos: si rezamos, llevamos amuletos, investigamos…

         El miedo se considera una de las emociones primarias, junto al enfado y a la tristeza. Vamos a debatir sobre el tiempo y el lugar que ocupa en nuestras vidas y hasta qué punto cumple una misión protectora o invasiva.

 

         A partir de las ideas que presentan los textos, que sólo se ofrecen como ejemplos de reflexión, tienes que escribir un texto argumentativo, con un mínimo de 200 palabras, en el que expongas y argumentes tu opinión al respecto. El plazo de entrega para este primer texto concluye el día 24 de enero de 2018 (antes de las 22h.). A continuación, y a partir de los textos escritos por los alumnos de 3º y 4º, debes redactar un texto argumentativo (con un mínimo de 200 palabras) que apoyen o rebatan la tesis propuesta. El plazo de entrega para el segundo texto concluye el día 15 de febrero de 2018 (antes de las 22h.)

 

·        Recuerda que los textos enviados no aparecen inmediatamente en la página y que debes asegurarte de que pasados por lo menos dos días ya han sido incluidos.

 

         Éste es un debate abierto, por lo que puedes invitar a participar en él.

TEXTO 1:

 

El ser humano, desde que tiene conciencia de tal, ha tenido una serie de sentimientos innatos, y uno de ellos, y quizá una de las características principales para su supervivencia, ha sido el miedo. Limitador y beneficioso por igual, el miedo ha sido el culpable de guerras e incultura, y a la vez, inspirador de arte y colaborador para nuestra supervivencia… ¿En qué consiste este impulso humano?

 

El miedo en su ámbito físico biológico

 

El miedo se encarga en muchas ocasiones de hacernos conscientes de los peligros externos que nos pueden amenazar, y nuestro organismo los interpreta de la siguiente forma: primero los sentidos captan el foco de peligro, que pasa a ser interpretado por el cerebro, y de ahí pasa a la acción el sistema límbico. Este se encarga de regular las emociones de lucha, huida y, ante todo, la conservación del individuo. Además de todo esto, también se encarga de la constante revisión de la información dada por los sentidos, incluso cuando dormimos, para poder alertarnos en caso de peligro. Cuando esto ocurre, se activa la amígdala, que se encarga de desencadenar todo el sistema del miedo, y entonces nuestro cuerpo pasa a sufrir las siguientes reacciones:

 

·         Aumento de la presión arterial

·         Aumento de la velocidad en el metabolismo

·         Aumento de la glucosa en sangre

·         Detención de las funciones no esenciales

·         Aumento de adrenalina

·         Aumento de la tensión muscular

·         Apertura de ojos y dilatación de pupilas

 

En determinados momentos de miedo, puede llegar el pánico, que hará que se desactiven nuestros lóbulos frontales, retroalimentando el miedo y haciendo que se pierda la noción de la magnitud de este y en muchas ocasiones el control sobre la conducta de uno mismo.

 

El miedo en la sociedad

 

El miedo comenzó siendo algo positivo en las sociedades prehistóricas, ya que salvaguardaba a nuestros antecesores de peligros como los depredadores, las inclemencias del tiempo y demás amenazas, colaborando así en la supervivencia de la especie. A medida que las sociedades fueron avanzando, las teorías sobre los temores fueron creciendo paulatinamente y fueron utilizados en muchas ocasiones por los grandes poderes para controlar a las masas o para moldear a las poblaciones a su antojo.

Un ejemplo claro de esto son los sistemas políticos autoritarios, que se apoyan en el terror para asentar sus mandatos, como el nazismo, que asoló Europa durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado, y que basó gran parte de su poder en el miedo. También la fundación de terrores en contra de otros colectivos o etnias ha ayudado a la consolidación de sistemas políticos, demonizando y achacando males y peligros a diversos grupos que en muchas ocasiones distan de encarnar las características que se les atribuyen. Las religiones y muchas supersticiones también se utilizaron para paliar los miedos, como por ejemplo las promesas vikingas del Valhala, el paraíso donde iban los muertos caídos en combate, ya que, a través de esa creencia, los guerreros perdían su miedo a la muerte en la batalla. Muchas creencias han ayudado a las personas a lo largo de la historia como catarsis contra fobias o como impulso para la superación de terrores.

Los dioses vengativos, el infierno y las deidades malignas, las criaturas sobrenaturales… siempre han hecho que los crédulos vivan temerosos de realizar actos “moralmente reprobables”, simplemente por el miedo a lo desconocido.  Varios rasgos comunes en muchas religiones siempre han sido el fin del mundo y los entes malignos, sembrando el pánico entre los fieles y dejando resquicios de terror entre las sociedades modernas.

 

El miedo en el imaginario popular y el arte

 

La exploración de los sentimientos más oscuros del ser humano siempre ha sido algo que ha cautivado al ser humano. Desde las gárgolas de las catedrales, que evocan monstruos horrendos con escorzos agónicos, hasta el moderno cine de terror, el ser humano se ha recreado en sus miedos, y, mientras muchos se mantienen desde el principio de los tiempos (deidades malignas, la muerte, terrores sobrenaturales…), otros se han ido refinando o apareciendo a medida que la sociedad avanzaba, como las fobias sociales o las angustias modernas. Los artistas de todos los tiempos no han dudado en explotar este sentimiento humano, y desde siempre podemos ver ejemplos de arte terrorífico en todas las disciplinas posibles y en todas las vertientes de este…

 

Fuente: www.nationalgeographic.es

TEXTO 2:

 

EL MIEDO

 

Vivir, crecer, generan dolor y, por tanto, miedo. El miedo es el efecto de anticipar imaginariamente el dolor que asociamos, por experiencia (propia o ajena, real o virtual), a la situación o suceso que tememos.

Pero, aunque el miedo es muchas veces nuestro aliado (nos advierte del peligro y nos invita a ser precavidos), otras veces es excesivo y puede impedirnos asumir el riesgo que supone vivir experiencias valiosas.

Para afrontar ese miedo excesivo hay que tener valor. Y la valentía (que no es carecer de miedo, sino controlarlo para que no nos bloquee) está necesariamente ligada al conocimiento. Parece obvio que la persona que cree conocer las causas del sufrimiento al que se expone (y, por tanto, la mejor manera de evitarlo o paliarlo), se enfrentará con mayor arrojo a la situación potencialmente peligrosa. Recordad que no es lo mismo el valor que la temeridad (esta es efecto de la inconsciencia o desconocimiento, y dura lo que tarda el temerario en sufrir el primer golpe).

De otro lado, en el mundo parece haber muchos acontecimientos que no controlamos, y cuyos efectos pueden ser fatales para nosotros (catástrofes naturales, enfermedades, accidentes…). Es por ello por lo que a veces nos sentimos seres a merced de la suerte. Esto genera una gran inseguridad. Y a mucha gente le empuja a usar amuletos, o a rezar y confiarse a un ser supuestamente más poderos que él.

Pero también hay gente que se empeña en conocer y descifrar las causas de lo que nos parece “accidental” o “azaroso”, para que así deje de serlo. En este caso, el conocimiento sería un seguro para sentirnos más seguros y controlar mejor la inseguridad que inspira la vida.

 

Maite Larrauri,

Filosofía para profanos (adaptación)

TEXTO 3:

Miedo y Cobardía

 

         El miedo ha sido (y es) compañero en muchos momentos de mi vida. Y el que rescato a menudo del recuerdo me regresa a la primera noche que llegué a India, hace ahora unos dieciséis años.

         Entré en India una noche repleta de gente, olores y ruido. Tuve incluso la sensación de no poder respirar en aquella humedad cálida. Y de forma casi inmediata esa sensación se internó en mí, y se agazapó en un sentimiento de profunda soledad. En India descubres que el miedo siempre está presente: se hace consciente cuando la mente le da consistencia; se disgrega cuando el espíritu lo diluye en alguna sustancia disolvente: la naturalidad, la sencillez, la sinceridad, la armonía...

         Existen dos tipos de miedo:

         El primero convive con nosotros. Es el que nos conecta con la “cobardía”. La Gestalt lo llama miedo adaptativo. A menudo consideramos el miedo como algo desagradable y paralizante; no obstante, la Gestalt, desde su mirada integrativa, nos rescata el miedo como un sentimiento que nos conecta con nuestro instinto de supervivencia, ya que nos pone en alerta ante la amenaza (nos avisa del peligro), y nos hace conscientes de nuestras fuerzas de defensa ante ella. De esta manera, si estamos conectados con el miedo podemos optar entre nuestras armas por aquellas que nos salvan del peligro. La Gestalt tiene esta facilidad para rescatar palabras de “mala prensa”: incluso lo hace con la “ansiedad”, que nos anticipa el miedo, nos moviliza conectándonos con nuestro entusiasmo y nos informa de hasta qué punto estamos listos para lo que estamos improvisando. Es una invitación constante a tomar aquello que ya somos.

         El segundo es el que creamos nosotros. Desde nuestra fantasía identificamos el miedo con la amenaza. Y es que a menudo a las personas nos resulta más fácil la fantasía del victimismo que la realidad del fracaso. Lo hacemos para asustar al primero porque nos aterra la cobardía: la debilidad, la necesidad, la inseguridad, la incertidumbre...

 

“Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza

del cielo se abre como una boca de muerto.

Tiene mi corazón un llanto de princesa

olvidada en el fondo de un palacio desierto.

 

Tengo miedo- y me siento tan cansado y pequeño

que reflojo la tarde sin meditar en ella.

(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño

así como en el cielo no ha cabido una estrella).” (…)

 

                             Pablo Neruda, Tengo miedo

 

         Lo cierto es que creamos (de “crear”) y nos creemos (de “creer”) el segundo miedo para espantar el primero, y acabamos huyendo del segundo porque nos atemoriza. Y, al final, salimos corriendo de nosotros mismos.

         El primero nos permite la retirada.

         El segundo nos lanza hacia la huida.

 

         Cervantes nos rescata magistralmente la “cobardía” en boca de Sancho, en el capítulo XXIII de la Primera parte de “El Quijote”:

 

Viéndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero:

 

-Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en el mar. Si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera escusado esta pesadumbre; pero ya está hecho: paciencia, y escarmentar para desde aquí adelante.

 

-Así escarmentará vuestra merced -respondió Sancho- como yo soy turco; pero, pues dice que si me hubiera creído se hubiera escusado este daño, créame ahora y escusará otro mayor; porque le hago saber que con la Santa Hermandad no hay usar de caballerías, que no se le da a ella por cuantos caballeros andantes hay dos maravedís; y sepa que ya me parece que sus saetas me zumban por los oídos.


 -Naturalmente eres cobarde, Sancho -dijo don Quijote-, pero, porque no digas que soy contumaz y que jamás hago lo que me aconsejas, por esta vez quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha de ser con una condición: que jamás, en vida ni en muerte, has de decir a nadie que yo me retiré y aparté deste peligro de miedo, sino por complacer a tus ruegos; que si otra cosa dijeres, mentirás en ello, y desde ahora para entonces, y desde entonces para ahora, te desmiento, y digo que mientes y mentirás todas las veces que lo pensares o lo dijeres. Y no me repliques más, que en sólo pensar que me aparto y retiro de algún peligro, especialmente déste, que parece que lleva algún es no es de sombra de miedo, estoy ya para quedarme, y para aguardar aquí solo, no solamente a la Santa Hermandad que dices y temes, sino a los hermanos de los doce tribus de Israel, y a los siete Macabeos, y a Cástor y a Pólux, y aun a todos  los hermanos y hermandades que hay en el mundo.
 
-Señor -respondió Sancho-, que el retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para mañana y no aventurarse todo en un día. Y sepa que, aunque zafio y villano, todavía se me alcanza algo desto que llaman buen gobierno; así que, no se arrepienta de haber tomado mi consejo, sino suba en Rocinante, si puede, o si no yo le ayudaré, y sígame, que el caletre me dice que hemos menester ahora más los pies que las manos”.

 

 

         El “I Ching” dice al respecto: “No es fácil entender las leyes de una retirada constructiva (...) Saber emprender correctamente la retirada no es signo de debilidad sino de fortaleza”.

 

         India me ofreció la oportunidad del veneno y también la del antídoto. ¡Qué camino de noche hasta despuntar el día! India se abría a la luz y desaparecían los temores de lo desconocido, de la desconfianza, del cansancio, de la decepción...

         Me reconforta recordar esta imagen que diluía el temor, en una tierra donde constantemente estás conectado a ti mismo. Y no te abandona la sensación de estar (casi) siempre en “peligro”.

         India nos puede rescatar mejor que nadie el miedo. Es como una madre que te conecta a tu cobardía para mantenerte alerta y para protegerte. Y, otras, te deja plantada ante ti misma, y descubres que estás mirándote por primera vez, y si resistes el primer impulso de salir corriendo, puedes descubrir incluso algo que te guste de ti.

 

         El segundo miedo se genera al considerarlo como un enemigo; identificamos el miedo con la amenaza: es la tormenta que nos acecha a campo descubierto, es la oscuridad que nos golpea en la noche, es la mano que amenaza o el grito que inquieta, es la araña que se desliza, la incertidumbre de la vida, el acoso de la muerte, el examen que se avecina...

         El primero no es la amenaza, no es el “enemigo”, sino que surge ante su presencia, y nos dice cuan grande es él y cuan grandes/pequeñas son nuestras fuerzas. Es un gran aliado cuando dejamos de salir huyendo de nosotros mismos.

 

         Pero esto en muchas ocasiones no es fácil: desde niños hemos escuchado la frase “No tengas miedo” como alivio y consuelo. Y, otras veces, incluso puede llegar a ser muy difícil: en una ocasión escuché la frase de una madre a su hijo “No llores como un débil”. De esta manera no sólo se consigue que se inhiba el miedo (como en la primera frase), sino que además se genera un sentimiento de vergüenza por su propia debilidad, que derivará posteriormente en angustia, compañera infatigable del segundo miedo, que es posible que el niño aprenda a transformarla en furia.

 

A pesar de todos los posibles rescates, las personas siempre vamos a tener la elección de vivir con el miedo como amenaza: vivir huyendo. No siempre tenemos fuerzas para mirar y mirarnos, para retirarnos, para buscar consuelo, para “salvarnos” ... Existen muchas formas de envejecer.

 

         Sin duda es más fácil rescatar el primer miedo. No obstante, también podemos intentarlo con el segundo. Así que, si no puedes dejar de ver el miedo en el bando contrario, siempre queda la opción de rescatar la palabra “rechazo” y tomar conciencia de lo que llamamos “la generosidad del enemigo”. Yo en estos casos me hago esta pregunta: ¿Qué tiene el enemigo que yo no tengo y que deseo? Quizá de esta manera descubramos que el miedo a la muerte es el impulso para cuidar mi vida (y mi salud), que el miedo a la soledad es la mejor motivación para buscar compañía, que el miedo al futuro es el trampolín que me permite disfrutar del momento presente... Yo esto no lo aprendí de ningún libro en concreto; lo aprendí de mi padre. Mi padre ha sido un hombre en el que he visto pocas veces asomarse el miedo; sin embargo, estoy convencida de que estaba profundamente conectado con él y con su propia cobardía. Nadie mejor que mi padre me rescata la palabra “miedo” porque no conozco a nadie que ame tanto la vida como él. Tenía una frase: “El buen vino y los valientes duran poco”.

 

                   Mª Elena Picó Cruzans, artículo publicado en El volumen de una sombra, Palabras de mala prensa (abril, 2011)

VUESTAS OPINIONES aparecerán debajo del Libro de visitas:

Libro de visitas

Introduce el código.
* Campos obligatorios
  • Mª Elena Picó Cruzans (sábado, 02. diciembre 2017 10:30)

    ¿QUIÉN DIJO MIEDO?
    A menudo me pregunto qué hay al otro lado de las cosas. Qué hay, por ejemplo, al otro lado de mi casa, más allá de vecinos y ruinas, más allá de cotidianeidad y existencia…, qué hay al otro lado de la confianza, más allá de seguridad y lealtades…, qué hay al otro lado de mis opciones de vida, de mi voluntad; al otro lado de una mata de tomatera.
    ¿Qué hay al otro lado del miedo? ¿Por qué se rechaza o se esconde? ¿Por qué se esgrime como causa de los males que nos acechan? Es curioso observar cómo a la especie humana nos producen miedo tantas cosas y a pesar de ello parece que seguimos sobreviviendo.
    Leía hacía poco sobre un fenómeno antropológico, la neotenia B, que descubre cómo a causa de una mutación genética se amplía el periodo de desarrollo postnatal, que implica el incremento de masa encefálica y una proliferación celular más prolongada y con mayor capacidad de variabilidad. Parece ser que la especie humana proviene de un “defecto” que se produce en nuestro ADN, que hace que nuestro crecimiento se ralentice considerablemente. Ese “defecto”, ese “retraso” en nuestro desarrollo permite a nuestro cuerpo disponer del tiempo necesario para incrementar nuestra masa encefálica y las funciones cognitivas que ello conlleva: lenguaje, mayor capacidad de habilidades relacionales y sociales, mayor variabilidad de comportamiento, aumento de la plasticidad cerebral, etc.
    Los misterios de la vida no lo son porque permanezcan en lugares oscuros y siniestros; en lugares inexpugnables y escarpados; no son monstruos bicéfalos que nos esperan hambrientos en el interior de los laberintos existenciales…. (Aunque, a veces sí). La ciencia se acerca a ellos con sus métodos analíticos y los observa de cerca (todo lo cerca que un misterio permite ser observado) y los “explica” como se explican las mutaciones genéticas y la plasticidad cerebral.
    Hasta el miedo puede ser analizado y diseccionado. Sin duda. Y también puede ser percibido, sentido, asentido, vivido y trascendido. El miedo puede ser el monstruo y el sujeto observador que modifica la realidad observable.
    Lo cierto es que hay “defectos” y “miedos” que nos acompañan misteriosamente, aunque la ciencia se empeñe en descifrarlos. Y no sabría decir muy bien por qué, un día se colocan al otro lado. No han desaparecido, no se han esfumado ni disipado... ni siquiera han empequeñecido o menguado. No. Tan sólo se han aquietado; se han serenado; puede ser que se hayan disuelto. Tan sólo se han colocado al otro lado.

Gracias por leernos...

Lírica en transversal

"Lírica en transversal" es un proyecto educativo sistémico para la Enseñanza Secundaria. El engranaje es la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, que nos ofrece los mapas del camino y, de la mano de la lírica, nos adentra en la búsqueda de encuentro entre la educación y la enseñanza, integrando lo curricular con lo transversal.

PÁGINAS ASOCIADAS

El volumen de una sombra

"El volumen de una sombra" es una revista digital sobre varios aspectos de la cultura: dibujo y pintura, ensayo, libros, música, narrativa, poesía y un largo etcétera de temas variados.

El Olmo Club de Lectura

El Olmo Club de Lectura de Castellnovo es una revista digital sobre de los socios y simpatizantes de este club donde podéis encontrar comentarios sobre libros, poemas, biografías de autores y otros artículos literarios.

Nosotros en redes sociales

Últimas colaboraciones

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
© Antonio Cruzans Gonzalvo